lunes, 9 de octubre de 2017

El Ministerio del Tiempo mucho más que una serie de televisión


Este es un blog de novela histórica, en el que en alguna ocasión también hablamos de ensayos que creemos interesantes para el gran público y, en muy escasas ocasiones, de series de televisión. En esta ocasión, no solo os traemos una serie sino que además es de viajes en el tiempo.

No es que vayamos a cambiar la temática, nada de eso. Es que, en nuestra opinión, el Ministerio del Tiempo es mucho más que viajes al pasado, es vivirlo, interactuar con él. 

¿Qué más querría todo aficionado a la historia que poder viajar a la corte de Felipe II y decirle que detuviera a la Armada? ¿O convencer a Carlos IV de que no abdicará e hiciera frente a los franceses? ¿O ver cómo pintaba Velázquez las Meninas? O más aún, ¿quién no querría intentar parar la locura de la Guerra Civil cuando aún era posible?

A eso juega el Ministerio del Tiempo, a hacernos participes de la historia, a vivir el pasado. Por eso gusta tanto, porque por mucho que les pese algunos la historia interesa. La historia somos nosotros mismos, nuestros recuerdos, nuestra cultura, nuestra forma de hablar. ¿Qué es un pueblo, un país, sino su historia?

El la serie no importa el mecanismo del viaje, casi no se le da importancia en la trama. Porque lo esencial es el hecho del viaje.

Y los resultados lo demuestran; casi dan ganas de llorar de alegría al ver que Lope o Goya son trending topic una noche entre semana. O que al día siguiente de la emisión de algún capítulo la gente siga hablando de los últimos de filipinas o del Empecinado. O que haya muchos que ahora sí conozcan al Papa Luna o a Ambrosio Spínola. 

También debería hacernos reflexionar qué estamos haciendo mal en España para que uno de los medios que más está haciendo por recuperar el interés por la historia de España sea una serie de viajes en el tiempo, pero ese es otro tema.


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